Persona sentada junto a dos estatuas

Diario de una becaria – Ester Hyppönen (parte 1)

Una mañana, haciendo transbordo en la estación de Príncipe Pío, me di cuenta de que, tras el asombro y la admiración ante la novedad de las primeras semanas, la vida se había encauzado hacia una rutina diaria. ¡Qué alegría!

Hola, ¿qué tal? Soy Ester, becaria de cultura del Instituto Iberoamericano de Finlandia en Madrid. Llegué desde la ciudad finlandesa de Jyväskylä a Madrid a finales de enero para hacer prácticas durante seis meses. Llevaba soñando con vivir y trabajar en España desde la niñez, así que cuando tuve la oportunidad de solicitar una estancia en el Instituto mediante el programa EDUFI, lo hice… ¡y fui elegida!

De Jyväskylä a Madrid
Soy estudiante universitaria y estoy en la última fase de mi carrera. Además de Filología Inglesa, que en Finlandia se denominaría asignatura principal, he estudiado Lengua Española, Comunicación, Economía y Pedagogía como asignaturas secundarias. También cuento con experiencia en el campo de la cultura: soy profesora de violín casi licenciada. Hacer prácticas en el Instituto me interesaba, porque me hacía ilusión usar mis conocimientos previos para contribuir a promocionar la cultura finlandesa en los países iberoamericanos.

La posibilidad de mejorar mi nivel de lengua española y aumentar mi experiencia en el campo cultural y en la gestión de proyectos me parecía estupendo, pues en el futuro me gustaría trabajar precisamente en el área de la cultura. Al inicio de las prácticas me establecí unas metas: en seis meses hablaría mejor español, enriquecería mi conocimiento sobre las diferentes áreas de la gestión de proyectos y me familiarizaría más con el campo cultural, sobre todo el de las artes visuales.

Mis conocimientos previos sobre el Instituto antes de solicitar las prácticas eran básicos. Conocía el objetivo de sus actividades: visualizar la cultura finlandesa en los países luso hispánicos y crear puentes culturales y científicos entre Finlandia y dichos países. Resultó muy sencillo familiarizarme con las funciones del Instituto gracias a su página web y a sus redes sociales.

Trabajar como ayudante de cultura
Han pasado dos meses desde el inicio de las prácticas y la experiencia se ha asemejado a lo que me imaginaba. Mi trabajo como ayudante de cultura incluye desde tareas relacionadas con la gestión de proyectos hasta traducción, desde la atención a los visitantes a la redacción de noticias. El equipo del Instituto no es muy grande, así que he tenido la oportunidad de participar en todo el trabajo que se hace en los distintos departamentos. Soy responsable de algunos proyectos, en los cuales trabajo junto con mis colegas desde la creación de las ideas hasta la reunión final. Como me interesan mucho la literatura y la música, una buena parte de estos proyectos se relacionan precisamente con dichos temas.

Para mí, la parte más provechosa de las prácticas ha sido poder conocer los distintos aspectos y tareas relacionadas con la gestión proyectos, justamente lo que deseaba. Gestionar proyectos ha resultado tanto gratificante como a veces frustrante, pues la cantidad de trabajo varia día a día. Unas veces sudamos la gota gorda, otras el proyecto no avanza porque hay que esperar la respuesta a un correo electrónico enviado a uno de nuestros colaboradores. Sin embargo, también esto forma parte del trabajo y, en realidad, me ha resultado positivo aprender a sobrellevar dicha variación.

Otro aspecto especialmente provechoso es el contacto humano. En mis turnos bisemanales en la recepción del Instituto he tenido la oportunidad de conversar con los visitantes; unas conversaciones muy interesantes, por cierto. Además, he podido ver a los artistas trabajando y charlar con ellos. Finalmente, mencionar a nuestro maravilloso equipo, o sea a las estupendas mujeres que trabajan aquí en el Instituto, con quienes ha sido y es un verdadero placer trabajar.

Diferencias culturales lingüísticas
Como previamente había pasado mucho tiempo en España y había estudiado la lengua, los choques culturales han sido hasta ahora escasos, lo que no significa que no existan diferencias culturales: todavía me cuesta aceptar que mis compañeras de piso usen zapatillas en el interior de casa. Además, al contrario de lo que sucede en Finlandia, con los españoles y sus conversaciones en voz alta, me es difícil tomar la palabra. No obstante, como casi todo el equipo del Instituto está formado por finlandesas, la cultura de trabajo es finlandesa.

Con el idioma, sin embargo, he tenido que luchar un poco. Antes de llegar me imaginaba que conocía la lengua muy bien, pero en la vida diaria me he dado cuenta de que mi dominio oral del castellano tiene carencias. Me extrañan mucho los cambios de un día para otro: unos días me parece facilísimo hablar español sin problemas; otros, me da la impresión de que incluso me cuesta pronunciar mi nombre.

Así que retos hay, pero espero que al final de este periodo mejores mi dominio de la lengua y me sienta lingüísticamente más segura. Con mis dos compañeros de piso españoles, aprendo a usar la lengua cotidiana, quizá hasta con acento andaluz.

A pesar de los momentáneos sentimientos de frustración y desesperación de los primeros dos meses (¡cómo vuela el tiempo!), las prácticas están siendo una experiencia maravillosa. Afortunadamente aún me queda la mayor parte por delante: brilla el sol primaveral y está llegando el verano, y en el Instituto vamos a tener unos eventos estupendos.

Saludos,

Ester, ayudante de cultura

TOP 5 de cosas estupendas en Madrid:
1. La gente amable
2. El café de cafetera italiana
3. Los churros con chocolate
4. Los miércoles del espectador
5. La Casa de Campo

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Esta es la primera parte del diario de nuestra becaria Ester Hyppönen. ¿Qué pasó en marzo? La historia continuará. Lee la segunda parte.

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